Mantas de cama, formas de poner tus mantas en la cama

Mantas de cama, formas de poner tus mantas en la cama

Mantas de cama
Mantas de cama

 

Mantas de cama

Las Mantas de cama son uno de los elementos de la casa que más usos tienen y seguro que muchos de vosotros tenéis más de una manta diferente de animal print, de flores, lisas, con pelo, etc. Muchas veces las utilizamos sólo cuando tenemos frío o para echarnos en el sillón un domingo por la tarde a dormir la siesta pero la verdad es que. aunque ese es su uso principal, en nuestra cama también tienen un par de ellos.

Ponla entera

Si tienes una manta que te encanta y quieres que luzca y mejore tu dormitorio, prueba a extenderla sobre tus sábanas o tu nórdico y, si llega a cubrir las almohadas mejor aún. Esto hará que la cama parezca más larga y además si tiene algún tipo de estampado, aportará otro toque muy diferente al habitual. Si por el contrario la manta es demasiado corta, llévala hasta las almohadas y aprovecha algunos cojines que puedan combinar bien, parecerá echa a medida para tu cama.

Cubrepiés

Todos hemos visto al pasar por tiendas de decoración esas camas con mil fundas y mantas por encima pero siempre nos fijamos en lo mismo, los pies de la cama. Esa manta que encaja perfectamente a los pies de la cama y la visten y hacen parecer más elegante. Pues bien, utilizando una de tus mantas podrás hacer lo mismo, aunque si es una manta con flecos a los extremos te recomiendo que los dobles para dentro. Las mantas ideales para este uso son las de tamaño medio y, si son estampadas, recuerda equilibrar los elementos que haya. Bastará con colocarla  los pies de nuestra cama y dejarla caer a ambos lados.

En mitad de la cama

Este uso es el más indicado si tenemos una funda o colcha de un único color o muy básica, que dejará nuestra habitación bastante fría. Doblaremos la manta tantas veces como queramos por la parte más corta y la depositaremos en la mitad de la cama. La manta debe ser de un color diferente al que hayamos usado para vestir nuestra cama y que destaque para que el contraste sea auténtico.

Colocar sin que lo parezca

Este método es de los menos utilizados pero, si gusta, os haréis adictos a utilizarlo siempre. Consiste en coger y unir dos extremos de la manta (los que menos distancia tengan entre si) y “tirarlos” perpendicularmente de un extremo al otro de la cama o de los pies de la cama hacia la cabeza, dejando en ambos casos que uno de ellos cuelgue por fuera de la cama. Luego, colocaremos lo que creamos necesario. Parecerá a simple vista que la hemos dejado ahí corriendo antes de salir pero realmente aportará un toque desenfadado a la cama.

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